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Sergio
ene
07

Un poema

Un poema

Este hombre al que llamamos Sergio Rojas, es además de un excelente fotógrafo, -para saber más info@sergiorojasfoto.com-, músico de Alendra, y algunas cosas más. Entre otras, un escritor de poemas. Hoy voy a compartir este magnífico poema titulado Tiempo de cerezas. En este texto, el sujeto poético realiza un viaje a un lugar en el que ya ha estado hace tiempo, al menos una vez más. Es un lugar al que vuelve. Un viaje en el tiempo de la luz, la primavera, en la tradición literaria del Renacimiento 'la flor de la vida'. No obstante, el espacio, al que el protagonista se dirige, es la noche. El afuera de la vida se identifica con la alegría y el renacer de todas las cosas, y lo privado del personaje con su envés: la oscuridad y la soledad. Ahí se reconocen los tangos, y el furor del viento, las copas que nos atraviesan y hielan los sueños. Son caminos extraños que en la vida nos cubren o nos cubrieron sin remedio.

 
Con este poema aprendemos o recordamos que si la noche se ha convertido en un espacio inhabitable para el amor o para la paz del corazón de uno, entonces tenemos que buscar el denuedo para enfrentar esa realidad, antes que la otra opción, que es huir. Con la humildad que nos da nuestra resistencia, descendemos a los bajos del alma y bregamos por emplazar y escribir cerezas en lo despoblado de nuestras certezas y, de nuestra esperanza por vivir día a día, muy a pesar de que desconozcamos el lugar en el que se talla y labra nuestro deseo. Y el tango tiene que ver mucho, como nos enseñó el maestro JC Rodríguez, con “el cuerpo y la música fundidos en la más imposible de las esperanzas: la de los plenamente conscientes, desesperanzados ante el amor y ante la vida”.

 
¿Acaso, no es un enigma el dolor y la duda cuando habitan un lugar de nuestro cuerpo y no sabemos ponerle nombre? O quizá, también podamos aprender del poema, a partir de esta otra interpretación: El protagonista ha bajado hasta la noche, cuando se han fracturado hasta los sueños, para conjurar los demonios de las amargas heridas que pueblan y moran en nosotros.

 

TIEMPO DE CEREZAS
 
Deshabitado de un lugar de mi cuerpo,
hoy he vuelto a la noche
después de tanto tiempo.
 
Vencido por estos caminos extraños
en que nos envuelve la vida
si se torna desasosiego.
Aunque si pienso en ti,
todo se torna de color ocre.
 
Y es la noche ese espacio inhabitable,
donde encerrar las sombras,
entre cuatro paredes, nos resulta difícil.
 
El mar de la noche ya no me conduce a la esperanza.
 
Hoy tu espalda es el lugar inhabitable,
y tus ojos son un tango arrabalero
en el que descifrar el deseo.
 
Y ya bate el viento un rumor de piano de cola,
y perfilan tus manos melodías de Mozart,
o un Albaizín de Albéniz en no sé qué tono.
 
Ya no luchan el amor y el deseo,
y en tu cuarto ya espanta el cuchillo
unas manos suicidas,
y se rompen hielos y copas y sueños.
 
Permanezco impasible ante tanto misterio,
deshabito un lugar de mi cuerpo.

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