Blog Palabras para unas canciones que habito

Alendra
dic
09

Palabras para unas canciones que habito

Palabras para unas canciones que habito

Sólo que nuestro único placer es la vida: ¿por qué venderla? ¿Por qué elegir la indignidad en la vida?
Juan Carlos Rodríguez

Tú no recuerdas ya la casa de esta/ noche mía. Y no sé quién se va ni quién se queda.
Eugenio Montale

Todos reconocemos en nuestro interior un deseo que va con nosotros desde que sabemos que estamos en el mundo: el deseo de poder vivir en paz con los que nos rodean y con   nuestro entorno. Creo que el enemigo principal de esta hermosa inquietud es ese género terrible de la indignidad: la violencia. Hoy algunas tiramos para adelante dentro de una burbuja especulativa de fuerza destructiva en un mundo cada día más imposible. Sé que somos muchos los que albergamos en nuestro corazón y nuestra mente la pasión por estar en contra de lo que está cayendo fuera, y dentro de nosotros, imperceptible y sin darnos cuenta. Aunque haciéndose cada día más visible en más gente. Es el secuestro invisible de las conciencias. Todos los personajes de ficción que viven a duras penas, o sonríen y sueñan después de muchas horas trabajando, o se enamoran perdidamente a pesar de que saben que no les conviene, quieren contarnos nuestra propia vida, la que no poseemos, porque no somos libres y nuestra vida tampoco lo es. Si un sueño o una diminuta verdad de estas canciones se hace tuya, se acomoda a tu cuerpo, se ajusta a tus recuerdos o mejor se alía con tus olvidos, entonces se cumple una de las ideas que albergamos cuando les dimos vida. Por cierto esa vida que nuestras canciones no pueden vivir tampoco en plenitud: hijas del hueco, del ajuste de cuentas, de la necesidad de vomitar entre mil razones más, también huyen en continuo exilio por las alcantarillas de las ciudades o por los cables de la red… Si nadie sintiente y pensante se para a hablar con ellas. O a discutir –en condiciones de igualdad eso sí-, o hacerla suya en la ducha, o en el paseo que va desde el trabajo a casa o al bar que nunca nos cierra del todo. Canciones que sueñan en la vigilia, ríen si deciden que van a llorar o encuentran en su tonadilla restos, hilachos de otras canciones. Porque saben que son una ciudad arrebatadoramente cargada de mentiras al mismo tiempo que todas nuestras pequeñas plazas de única verdad. Pobres y pequeñas y tiernas verdades. Los personajes de estas canciones combaten firmemente las ciudades, los rostros serios y autoritarios, las avenidas plagadas del frío de la indiferencia. Porque combatir es resistir también en medio de las bocanadas amargas de la soledad producida y distribuida globalmente. Quizá, sea ésta, el alimento preferido por el poder que crea tanta hambre, tanta destrucción, tantos niños que aparcan sus sueños en la corrupción ruin de sus adultos. Quedan, además, muy agradecidas por vuestra presencia al otro lado, igual que nosotros que les hacemos salir y hablar en público. Y las miramos con orgullo marcharse de casa a otras calles en el tarareo de tus labios. Aunque a veces se nos caiga una lágrima.

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